Jeremy.

Corría el año 73 cuando mi marido y yo dejábamos la guerra atrás en nuestra pequeña casa del lago en el condado de Fairfax, al norte de Virginia, frente a las montañas.

En dicho escenario, un buen día Jeremy entró en nuestras vidas. Así fue como nombramos al niño que (tras titánicos esfuerzos) logramos secuestrar mientras sus padres repostaban en una gasolinera de la autopista cercana.

La incorporación de este asiático muchacho dotó a nuestra familia de un brillo rejuvenecedor que sus continuos llantos e intentos de fuga jamás lograron empañar. Incluso le compramos una novia con el fin de complacerle, aunque este nunca llegó a congeniar demasiado con la pequeña Mery. Jeremy era uno de esos jóvenes románticos (¿y porqué no decirlo? un poco mariquita), y la imposibilidad de pasear con la inerte Mery complicaba sus elaborados intentos de conquista amorosa.

“Necesitábamos una mujer viva que le enseñara lo que es la vida” – pensé.

Mi marido y yo, en un acto de desesperación solidaria y con el único fin de salvar la educación sexual de nuestro pequeño retoño, contratamos los servicios de Margaret “La Potranca de Canterbury”.

Margaret era una joven de muy buen ver, protagonista y autora de unos versos que en su día José de Espronceda versionó “Con diez trancas por banda, una en popa a toda vela, no folla mal sino vuela, un velero vergantín.”

Pero en esta historia no todo iban a ser alegrías. Una grisacea tarde otoñal, cuando las rojizas hojas empezaban ya a caer de sus ramas, los jilgueros empiezan a entonar sus primeros gorgoritos -y tras la rescisión del contrato de Margaret- apareció un escuadrón del FBI vestidos como Action Mans y gritando cosas muy raras sobre un secuestro, esclavitud, racismo y pederastia que no logré comprender (por lo que deduje que se trataría de una broma hacia mi persona y la de mi difunto marido provocada por el aburrimiento tras la reciente eliminación de Bin Laden).

Sí, habéis leído bien: “Mi difunto marido”. El pobre murió durante la guerra, por lo que sus abrazos y “roces” -como ami me gustaba llamarlo- con Jeremy nunca fueron más allá de lo carnal.

Como podéis ver, mi vida está plagada de desgracias y por mucho que trato de compartir la poca alegría que aun me queda con los demás el mundo vuelve a golpearme. Por eso ruego con este comunicado que alguien soborne a quien tenga que sobornar para sacarme de este manicomio y así poder continuar haciendo amiguitos para ir al bosque a “contactar” con la naturaleza.

Yours sincerely, Janet.

@Giusepedipaolo

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