Humptire.

“He vivido tiempos mejores” pensó Humptire mientras se levantaba el camisón de franela para analizar la creciente curvatura de su barriga. Atrás habían quedado los días en los que practicaba deporte huyendo de los huéspedes del resort “Tercera Edad de Oro” tras robarles las pocas pertenencias de valor económico y sentimental que les quedaban a esos ancianos. Esas tardes de galopadas dignas del mejor ala de futbol americano, sorteando sillas de ruedas y superando a sus ágiles adversarios cuya principal arma, la experiencia, les otorgaba una habilidad solo desmantelada por su innata astucia.

Esos hombres en tacataca si que le habían hecho sudar, vivir, sentir la adrenalina. En definitiva, le habían forjado en el hombre que actualmente era. Puede que no tuviese un cuerpo de revista, pero tampoco era demasiado listo. A sus treinta y ocho años había dedicado los últimos cinco a la escritura (tras su forzosa retirada del mundo de la delincuencia al tropezar en una de sus legendarias huidas con un respirador, desconectando al anciano Tom y apagándole de la vida en el acto).

No comprendía porque no era capaz de ganar un Pulitzer. Lo tenía todo: una batalla perdida contra la alopecia, claros indicios de alcoholismo en su páncreas y una capacidad para socializarse con aquellos que le rodeaban inexistente. Esto último le había aportado increíbles vivencias a su frenética vida como pueden ser los famosos “viernes y en pijama a las ocho” u otros clásicos como “si bebo solo es porque quiero”.

El bueno de Humptire no siempre había sido un escritor en potencia, él llegó a ser el mejor de su promoción. De hecho -y citando a su profesora de sexto- él había sido “el niño más especial que por desgracia había tenido que intentar educar”.

“¿Cómo es posible que yo, con lo alto que apuntaba, me hubiese estancado en la vida de un ladrón de jubilados jubilado con poca capacidad literaria?” Se preguntaba a menudo Humptire. En algunas de las largas noches de verano en las que el calor le pegaba las sabanas a su desnudo torso otras dudas le asaltaban, dudas que el hombre ha evocado desde los aborígenes de su naturaleza “¿Funcionará el jes-extender? ¿Está Endesa detrás del genocidio Nazi?

Con estas ideas rondando su cabeza el cabizbajo protagonista de esta historia se bajo de la bascula que marcaba un nuevo récord personal. Por fin se superaba en algo.

@Giusepedipaolo

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