Mariconadas las justas.

Una cálida mañana de otoño en el bosque, tras una noche de llovizna y las nubes más rezagadas aun deambulando por el grisáceo cielo. El tímido sol lucha entre las hojas que sobreviven al amenazante invierno en lo alto de los árboles. De una de estas batallas surge un halo de luz que impacta con fuerza divina contra la húmeda corteza de un grueso y antiguo roble.

Como si de una revelación se tratase, distingo de entre tan acogedor paisaje, los colores de la madurez y la ternura en tu rasgada mirada, que baila (no sé si fruto del azar o por el inconformismo de un Dios enamorado) con la melodía que desprenden tus labios al reír. En este momento descubro que el otoño no es más que una estación pasajera cautiva en tu mirada.

Anuncios
Etiquetado , ,
A %d blogueros les gusta esto: