Un Suicidio Asistido.

Miraba hacia abajo con desconcierto recordando su juventud, le venían a la mente imágenes de su gato Whiskers, que había fallecido años atrás. Dejó de lado esos pensamientos y se centró en el presente. Allí estaba él, ante su particular acantilado, dudando, dubitativo, pensando si aquel salto -que sería definitivo- era el apropiado.

Recordó la charla que había mantenido con su padre en su lecho de muerte. “Hijo en la vida no se debe de estar si no se es útil. Recuerda a tu tío Roberto, exactamente como tú, mírate, eres un despojo disfrazado de hombre. ¿Dónde están tus cojones?” Esto le recordó que nunca había sido querido por nadie excepto por aquel amable gato, por el pequeño Whiskers, que ahora yacía en el jardín con la cabeza colgando de un mástil. Recordó el tamaño de los testículos de su padre, que en varias ocasiones se los había enseñado para burlarse de él.

En ese momento, y con la imagen de los testículos de su padre todavía nítida en su cabeza, resbaló.

Por @manugomez94

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