Alfombra Persa Mala Consejera.

Despertó a eso de las once ante la mirada penetrante de su gato Jacinto. Se miró en el espejo desde la cama. Su rostro pálido. Sus ojos mustios. Lanzó al gato contra el espejo harta de su mirada atónita.

En ese momento el teléfono comenzó a sonar. Estiró el brazo.

-“¿Sí? Digame.”- musitó en un tono amable.

-“Hija, soy yo.”-

-“¿Yo quién?”-  preguntó desconcertada.

-“Tu madre, hija. He probado el nuevo Fairy Plus, ¡Es una maravi…”-

Colgó el teléfono, perpleja. Su madre le había abandonado dieciocho años atrás en un motel de carretera, ¿y ahora le llamaba para hablarle del milagro antigrasa? Saltó de la cama y encerró al gato en el baño. Ahí había gato encerrado. Corrió hacia la puerta con la mala suerte de que tropezó con la alfombra -Persa por cierto- cayendo su cráneo contra el pico de la mesa.

-“Crack”- escuchó al vecino hablándole a su hijo -“trae Ariel y naranjas”-.

Como si de un cordero se tratase allí estaba ella, sin aliento, acordándose de esas montañas en las que pastaba; contando por última vez las ovejas que pasaban.

Por @manugomez94

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Un pensamiento en “Alfombra Persa Mala Consejera.

  1. Anónimo dice:

    Muy bueno

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