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El ARTE, LOS GOYA Y LA POLÍTICA (o El Bueno, el Feo y el Malo)

eva hache goya
Por @silviaavc

El pasado domingo no encontré mejor cosa que hacer que tragarme los Goya, esa gala que tiene lugar cada año y donde en teoría (énfasis en “en teoría”) se celebra con premios el cine español. Si, el cine, esa cosa que desde un principio y muy cursimente quiero dejar claro que considero un arte. Quizás llamar arte a algo que recoge más características de industria que de otra cosa sea algo bastante ingenuo, pero me la suda.

Presenciar desde la página Web de RTVE semejante espectáculo (me ahorraré otros posibles adjetivos) causó que resurgiesen en mi ciertos sentimientos hacia cosas que siempre me han tocado las narices, pero que hoy siento especial necesidad de expresar.

Primeramente; queridos actores, directores, productores, guionistas, y demás personas imprescindibles en la realización de una película; BINGO! Si! Estamos en crisis!! Vale! Se sabe! Lo sabemos los que afortunadamente lo notamos menos y lo sabéis los que lo notáis más, pero basta enserio, nos queda claro a todos día a día.

Si algo destacó de la gala, fue la poca gracia de Eva Hache y el uso del Hotel Auditorium como plataforma política. Y yo me preguntó, (y de verdad que ya sin sarcasmos),¿no se supone que sois todos tan artistas? ¿no respetáis y valoráis vuestra profesión lo suficiente como para dejar la mierda española de lado por una noche? ¿ósea que sois lo suficientemente bohemios como para no poneros un esmoquin (o aparecer con uno verde) pero no para situar al arte por encima de la política?
No me voy a meter en cuestiones de economía, subidas del IVA o dinero porque no me considero cualificada para ello. Tampoco soy quien para decirle a alguien en que momento quejarse o sobre que reivindicar; la situación es la que es y las razones para hacerlo están ahí. Sin embargo, lo que si que voy a defender es que una noche donde supuestamente se celebra el trabajo artístico de tanta gente no es el mejor momento.
Que José Corbacho eligiese los segundos antes de que se anunciase el Goya a Mejor Actriz Revelación, para hacer una bromita sin gracia sobre los recortes, me pareció una absoluta falta de respeto. Dudo mucho que a cualquiera de las nominadas les importase una mierda el dinero en ese momento y el señor Corbacho debería haber cerrado el pico.

Total, que la gala continuó con más de lo mismo y de repente ya se estaba acabando mientras Eva Hache hacía más bromas sin gracia (de verdad que mujer, que intento tan torpe y fallido de imitar al gran Ricky Gervais). A pesar todas las contradictorias opiniones que de repente atormentaban a mi joven mente, decidí que mejor no darle muchas vueltas, pero me fui muy decepcionada a la cama. Recórcholis, la gala había empezado bien, con una alfombra roja generalmente más cargada de preguntas sobre el trabajo que sobre los jodidos vestidos (Hollywood toma nota de esto por Dios) y películas como “Lo Imposible” y “Blancanieves” me habían hecho recuperar la fe en ciertos aspectos de nuestro cine. Pero nada, ambas la abundancia de poco gusto y la ausencia del saber estar lo habían mandado todo a la mierda. Reitero, se que no faltan motivos, se que somos españoles y que nos gusta liarla, pero ciertas cosas se vuelven vulgares en exceso.

Ahora bien, mi historia no acaba aquí. Voy a fardar de intelectual y deciros que como vivo en Inglaterra acostumbro a meterme en las webs de los periódicos para ver que se cuece por mi (no siempre) añorado país. Como era de esperar, los titulares que se referían a los Goya también hablaban de política. No les culpo.

Nada llamó demasiado mi atención hasta que llegué a la sección de comentarios (una sección a veces seria, otras muy cómica y por lo general mi favorita en cualquier pagina web). La gente se metía mucho con el señor Bardem y su esposa la señora Cruz, nuestras dos joyitas más “international”.
Supongo que hay razones hasta decir basta. Con el primero porque es tan buen actor como hipócrita. Y con ella porque directamente pasa de España y no va a los Goya con la excusa de que esta embarazada (yo dejo caer que a los Oscars se presentó encantada estando de ocho meses y sin nominación).
Vale sí, Javier Bardem es un comunista forrado que encima no paga sus impuestos en España, Penélope Cruz ganó un Oscar por diez minutos en pantalla y desde entonces no pisa la Península, y sí, los dos son muy de izquierdas pero tuvieron a su hijo en un hospital para millonarios hollywoodienses. Todo esto son verdades más que criticables, pero fue leer cosas del estilo “es que estos dos renuncian de España pirándose fuera en vez de quedarse y ayudar a su país” las que ya me hicieron saltar. Gente que les criticaba con un tonito muy “se lo deben a España”.

Si no te has aburrido y sigues leyendo esto, creo que te habrá quedado claro que me gusta el cine y soy una gran e inocente defensora del arte por el arte. Me gusta el cine, me gusta el teatro y me gusta actuar. Y si en un futuro, tras una alineación de planetas se cumpliese lo imposible y yo llegase a ser actriz, ole los huevos del que se atreviese a criticarme por darle la espalda a un país que artísticamente nunca me ha aportado nada. Y con esto me refiero a su sistema educativo (tema en el que no entraré a fondo porque los que me conocen saben que si empiezo con eso ya no paro).
Al grano: yo descubrí lo mucho que disfrutaba haciendo el imbécil en un escenario porque tuve la suerte de ir a un colegio inglés donde “Teatro” era una asignatura, con nota y todo, como las maravillosas ciencias o las matemáticas. Tuve la suerte de que dentro de lo que cabe (tampoco me gusta demasiado elogiar a mi ex-colegio en este aspecto) me tope con la oportunidad de descubrir algo que me apasionó y que poco a poco me fui tomando más en serio. Tuve la suerte de que mis padres pudieron ofrecerme una educación anglosajona, apostaron por ella y a mi me salió la jugada de lujo.

Concluyendo y en resumen; para mi todo esto desemboca en la poca importancia que se le da al arte (mi tema favorito por excelencia y mi opinión cliché preferida).
No digo que esto sea un problema predominante solo en España, pero lo es desde luego en su sistema educativo. Me niego a enrollarme con ejemplos de lo poco valorado que esta el arte en el ámbito de la educación, porque con que penséis en vuestras asignaturas de bachillerato o en la carrera que os “sugirieron” que hicieseis vuestros padres a la mayoría os basta.
Gran parte de la educación artística en un país la maneja su política, y por tanto, los artistas a este país le deben muy poco. Sin embargo, esto no es razón para que esos mismos artistas hagan que un español que enciende la televisión un Domingo por la noche, se vea obligado a agradecer que lo que se acaba de tragar no se retransmite internacionalmente.

Si tanto políticos como artistas continúan limpiándose el trasero con el arte, el arte seguirá flotando en el retrete.

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2012 MashUp

Por Dj@Giusepedipaolo

Ovejas Negras Hay Muchas

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El cuenta kilómetros marcaba 140km/h, el Cadillac descapotable iba como la seda sobre aquella carretera estatal de Rhode Island alejada del bullicio de la ciudad. El horizonte estaba despejado de nubes mientras el Sol calentaba los asientos de cuero. Sonaba por la radio Ain’t That A Shame de Fats Domino. Yo no podía evitar seguir la canción con los labios. Incluso arrancándome en un alocado baile con el compás de las mágicas manos de FatD.  Al lado la mujer de mi vida descansaba con la melena al viento. Muchos habían tratado de separarnos, pero al final había triunfado el amor.

Pronto llegaríamos a la frontera con el estado de Nueva York, y si todo iba bien, a la mañana siguiente amaneceríamos finalmente en Canadá, donde seríamos libres. Atrás quedarían los días donde mi familia me había separado una y otra vez de mi amada: “No puedes casarte con esa anciana” decían los más tradicionales y religiosos. ¿Quién hablaba de casarse? Nosotros solo queríamos poder disfrutar de la compañía, de la soledad de estar juntos, de la juventud que aún nos quedaba en los huesos (atrás también quedaría la maldita policía estadounidense que nos llevaba persiguiendo desde hacía algún kilómetro).

Aunque ambos estábamos profundamente enamorados, ella se había mostrado un poco reticente a la hora de emprender el viaje que nos liberaría. Quizá porque su cuerpo ya no estaba para esos trotes, o porque -como había dicho ella- “¡no te conozco de nada! ¡Puto loco déjame en paz!”. Aaayy Jennifer -o Jenny como me gustaba llamarla a mi- siempre tan bromista. Llevaba el humor hasta tal punto que la tuve que tranquilizar con “el perfume del amor” para que los guardias del centro geriátrico no se alterasen mientras me la llevaba en su silla de ruedas. “El perfume del amor” es la manera poética que utilizamos Jenny y yo para referirnos al cloroformo mientras jugamos a nuestras cosas.

Mientras mi mente viajaba al inminente futuro que nos aguardaba, Jenny empezó a desperezarse en el asiento del copiloto.

-“Buenos días princesa”- le dije con sonrisa picarona.

Una pena que su principio de otosclerosis y el alto volumen de la radio tratando de disimular el sonido del helicóptero policial y las amenazas que estos desplegaban hacia nosotros impidiese que ella oyera mi cariñoso saludo.

Los siguientes sucesos se pueden resumir en su cara de pavor al verme derivando lentamente -como cuando Canal+ ofrece la repetición de un gol- en dolor como resultado de un forcejeo en el que se le salió la cadera, para finalmente desmayarse de nuevo debido a “un ataque al corazón causado por el estrés” que dijo un medico bastante exageradito.

Debido a la adrenalina del momento y los doce cafés del desayuno me puse muy nervioso pensando que la pequeña Jenny había muerto. Decidí deshacerme de ella. También recordé que necesitaba un baño urgentemente, lo cual me exaltó más, y tuve que tomarme un sobre de Nescafé sin diluir para absorber parte del líquido de mi vejiga.

 

 

Finalmente llegué al estado de Nueva York. A una zona boscosa, alejada de la inquietante jungla de cristal habitada por las más temibles criaturas y policías como es la gran manzana. Había logrado dar esquinazo a las fuerzas del orden, pero no me sentía tranquilo. Los recientes eventos se me aparecían de forma recurrente. Tenía que tratar de asentar un poco la cabeza, y sobre todo, vaciar la vejiga detrás de algún abeto.

Me sentía como un joven cazador despertando sus sentidos al alba. Olfateando el nuevo ambiente generado por el emergente Sol. Como si la Tierra hubiese dado un respiro a su constante rotación. Podía sentir el aletear de una mariposa alejándose del capullo con el que había dormido. Veía el humillo que desprendía el cálido jugo al entrar en contacto con la fría corteza de aquel árbol. Di por concluida la experiencia con la llegada de un escalofrío que desfiló por toda mi espalda.

Debía buscar refugio.

Abría un ojo y lo achinaba en búsqueda del enfoque perfecto. Como si me graduase la vista. Y entonces lo vi: en lo más salvaje de la estepa neoyorquina –con el permiso de la quinta avenida- rodeado de los más antiguos abetos del bosque, con el sonido del descenso de las descongeladas montañas en el fondo del paisaje y con el olor a caca de los más simpáticos habitantes del bosque amontonándose contra mi nariz, respire aliviado -en la medida de lo posible dado el percal- al leer el letrero del Bar-Restaurante “Casa Pepe”.

No era más que un refugio de bosque donde en un pasado los viajeros habían podido hacer escala para pasar la noche guarecidos de osos y mapaches. Ahora los más ilustres hombres iban en búsqueda del contacto con la naturaleza, el whisky escocés y la libertad temporal de sus mujeres. Salía humo de la chimenea y la escarcha reinaba en la ventana junto a la puerta.

 

 

Entré. Me quité mi shapka-ushanka –completamente fuera de lugar en aquel bar americano- y pedí un whisky con hielo y una pinta de cerveza negra para ayudar a pasarlo. En la banqueta más cercana de la barra se sentaba el veterano Martins, cubria su despoblada cabeza con una gorra de baseball de los Boston Red Sox y vestía una chaqueta de camuflaje con el texto “USA NAVY VETERAN: CARL MARTINS” bordado en la espalda. Se le veía un hombre con más orgullo que años por vivir. Y con este panorama presencié una de las conversaciones más inverosímiles de mi vida. Se desarrollo más o menos así:

-”Yo sobreviví a la Guerra de Vietnam, hijo”- reseñaba el veterano Martins al camarero mientras apuraba la copa.

-”Muy bien señor”- respondió este de forma cortés aunque claramente desinteresada.

-”Le voy a decir una cosa jovencito. ¡Yo no vi como mis mejores hombres morían con la cabeza hundida en el barro para que en América se considere a este trozo de animal un bistec mignon!” – increpó el veterano soldado en un tono soez.

-”Sí señor”- musitó servicialmente el camarero -”Ahora se lo…”-

-”¡Silencio!”- Ordenó Martins mientras afinaba su oído. -”Me parece oír la llegada de helicópteros… ¡En efecto!… Son tres Cherokee, lo reconozco por el particular sonido de su motor… ¿Hueles eso hijo?… Es napalm… Ahh el olor de la victoria…”- Añadió el soldado mientras se sumergía en sus recuerdos.

-”Señor Martins, no invente. Eso ha sido un pedo, y a juzgar por el olor iba acompañado.”-

-”Bueno hijo, no es tan grave… ¿Sabes? Me has caído bien”-  confesó el veterano.

-”Gracias señor Martins”- dijo el joven insistiendo en su formal tono.

-”Deja de llamarme señor, tontorrón. Aquí ambos sabemos que es lo que se cuece desde hace tiempo.”- insinuó el anciano -”No eres el primero, ni serás el último que trata de emborracharme para llevarme a su lecho”- comentó con una sonrisa pícara, descubriendo sus deteriorados dientes.

-”Señor, no le sigo. Yo solo le he servido las copas que usted me ha pedido. ¡Las cuales, por cierto, son de agua con gas!”- se excusó el joven.

-”Sí claro”- le interrumpió -”¿Insinúa usted que soy alcohólico? ¿¿Qué no fui a Vietnam gracias a mi oportuno romance con el Sargento Ronald a espaldas de su mujer?? ¿¿¿Que gracias a aquello sobreviví a la Guerra???”- añadió en un tono nervioso.

-”Nada de eso”- respondió algo confuso.

-”PUES DEBERÍAS”-

 

 

En ese momento todo se vuelve muy confuso debido a las tres rondas del combo whisky-cerveza. Lo que recuerdo comienza con un tocadiscos haciendo sonar Al Calor Del Amor En Un Bar de Gabinete Caligari. Creo que fue Martins quien la eligió.

Frente al estupor inicial al escuchar los primeros acordes de la melodía, empezaron las primeras damiselas -hipnotizadas por la música y el grupo de bailarines- a perder los papeles. Aquello acabó como el coño de la Bernarda. Kiko Rivera, que no se pierde una fiesta, compuso y tocó en directo “Quítate el Corsé”.

El resto de caballeros ahí presentes no se iban a quedar atrás y raro era el que no iba en paños menores y había cambiado el sombrero de copa por las copas de sombrero.

Jamás se volvió a hablar de lo sucedido en aquella víspera de Navidad. Sin embargo, el suceso no será olvidado por nadie, pero mucho menos por los miembros de la comunidad científica: aquella noche fruto de uno de los “encuentros” se fecundó al primer ornitorrinco. Testigos aseguran la participación de Kiko en el asunto.

 

 

Cinco años más tarde no puedo más que pensar en los buenos momentos del pasado. Mientras, la creciente curva de mi barriga eleva contra mi voluntad el camisón de franela que en su día Jenny había vestido.

Atrás quedaban los días en los que disfrutaba de mi vitalidad persiguiendo a Jenny por todo el geriátrico, robando a sus colegas los pocos objetos de valor económico o sentimental que poseían. Esas tardes de galopadas dignas del mejor Jerry Rice ya no eran más que recuerdos que se revivían con el aire de mis sueños.

Esos hombres en tacataca sí que me habían hecho sudar, vivir, respirar la libertad. En definitiva, me habían forjado en el hombre que actualmente era. Puede que no tuviese un cuerpo de revista, pero tampoco era demasiado listo.

A mis treinta y ocho años había dedicado los últimos cinco a la escritura. No comprendía porque no era capaz de ganar un Pulitzer. Lo tenía todo: una batalla perdida contra la alopecia, claros indicios de alcoholismo en el páncreas y una capacidad para socializarme con aquellos que me rodeaban inexistente.

Esto último había aportado increíbles vivencias a mi frenética vida como pueden ser los famosos “viernes y en pijama a las ocho” u otros clásicos como “si bebo solo es porque quiero”.

Recuerdo cuando se me daba bien la literatura, de hecho -y citando a mi profesora de sexto-, yo había sido “el niño más especial que por desgracia había tenido que intentar educar”.

“¿Cómo es posible que yo, con lo alto que apuntaba, me hubiese estancado en la vida de un ladrón de jubilados jubilado con poca capacidad literaria?” Me preguntaba a menudo.

En algunas de las largas noches de verano en las que el calor me pega las sabanas otras dudas me asaltan. Dudas que el hombre ha evocado desde los aborígenes de su naturaleza “¿Funcionará el jes-extender? ¿Está Endesa detrás del genocidio Nazi?”

Con estas ideas rondando mi cabeza me bajé de la báscula que marcaba un nuevo récord personal. Por fin me superaba en algo.

 

————————————————- FIN. ————————————————–

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Shushi Aclimatado.

Por @ManuGomez94

Entró en los juzgados ensimismado, como abogado defensor del presunto culpable debía defender a muerte a su cliente, Chino por cierto. Al entrar, un hombre se acercó a su cliente por lo que no le quedo otra opción que propinarle un tortazo (su profesionalidad  le había jugado una mala pasada de nuevo). El juez pasó por alto el incidente alegando sueño. “Que sueño”- dijo el juez.

El abogado rival, o como él le llamaba “el analfabeto de al lado”, “letrado” como le llamaba el Juez, comenzó a atacar a su cliente:

-“Señor Zeng Wan”- comenzó -“¿Qué hizo usted el día 13 de diciembre a las siete de la tarde? Responda con un monosílabo.”

 –”No”- respondió tajante.

–”Señoría ya puede ver que no quiere hablar, espero que no tolere este comportamiento en su sala.”-

–”Continúe letrado”- musitó su señoría.

 -“Señoría, le voy a ser franco, no Hitler, franco. Breve también a ser posible, tengo un manzano precioso en el pueblo y le juro por el manzano, que me parta un rayo si digo una mentira, que este señor es culpable, yo mismo le ayudé a recoger el cadáver.”-

–”Eso le convierte en cómplice letrado”- sentenció.

–”Retiro lo dicho anteriormente, era una broma de juzgado. Señoría este señor no solo dice la mentira, sino que además ni corto ni perezoso disfruta de sus hazañas. Chaval”– continuó mirando al presunto asesino -“te voy a ser sincero, estás jodido, tenemos pruebas, estás muy jodido de hecho. Me gustaría que me explicases como lo hiciste, y que lo niegues si fuiste tu, si no fuiste, di que fuiste”.-

-“Yo no entendel bien que quelel decil, yo no habel matado a nadie.”- (El acento no tenia nada que ver con su procedencia asiática, desde pequeño había sido bastante tonto, que venia de familia alegaba el.)

En ese momento ante la incredulidad de los presente apareció el hermano mayor del acusado, Zeng Two. –”Mi helmano solo quelia vendel celveza y balnqueal dinelo.”(casualmente tenia el mismo problema que su hermano).

-“Señoría como ve, el chaval le habla como si usted fuese imbecil, que no le falta razón al chaval, pero podría cortarse un poco.”-

-“¿Coltalme un poco? Señolia este señol es un lacista.”-dijo Zeng Wan enfurecido.

-“Señoria, acaba de llamarme repartidor de lazos, eso no lo voy a permitir. O se va él o me voy yo. Usted decide.”-

-“Señor Zeng Wan, por el poder que me ha sido otorgado le declaró a usted culpable de desprestigiar a un abogado con uno de los insultos mas graves que he visto en esta sala “lacista”, por lo tanto le declaro culpable de asesinato ya que si puede insultar de ese modo, sin ninguna duda tendrá facilidad con el puñal.”-

-“Señolia, el asesinó utilizó una escopeta, no un puñal.”–recliminó Zeng Wan.

-“Encima sabe usted que arma se utilizó, no queda duda”- prosiguió el juez -“Usted se cree que como es Chino puede venir aquí y decir “won wing cha chi” y que todo el mundo le va a tirar flores, pues bien, en este país lo primero es el respeto. A ver si ahora me va a dar clase un señor que se come el arroz con palillos, lo que me faltaba.”-

En ese momento,atónito, ante la inminente cadena perpetua de su hermano, Zeng Two sacó unas cervezas de una mochila y al grito de -“vendo celveza a un eulo”-,salió del juzgado, ensimismado.

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La Mano Más Rápida del Oeste.

ImagenPor @GiusepeDiPaolo

Salí de casa con la cabeza agachada y corriendo en curva, cambiando de dirección -como las escaleras de Hogwarts- para evitar que algún francotirador ninja pudiese alcanzarme con una berenjena. 

Estaba en apuros. El sudor frío resbalaba por mi pecho a causa de la humedad brasileña. Mis pies levantaban una nube de polvo sobre la calle sin pavimentar. “¡Malditos Ninjas!” – exclamé en mi interior. Debía ser imprevisible. Cada equis metros me lanzaba contra alguna anciana, o giraba sobre una farola -como Gene Kelly lo hizo en su día bajo la lluvia- para evitar ser monótono en mi caminar. 

Mis zapatos de claqué a juego con la chistera y tirantes se resentían bajo el frenético ritmo de mi alocado trote. Un giro aquí, doble zapateo por allá, ahora asalto a esa señora de los rulos, “ui, le he tocado el culo”, ahora huyo de un señor muy raro con garrota que dice ser su marido, ahora esquivo una berenjena ninja, giro en farola con lanzamiento de sombrero final y tomo la última curva antes de embocar la calle “Su Carmensita Muy Señora Mía y Patrona de los Bebés” donde vive mi abuela la congoleña.

Alohomora” – susurré mientras introducía la llave en la cerradura del portal de mi abuela Ngong. “¡JAJA! HA FUNCIONADO, SOY UN MAGO! ¡JODETE HARRY POTTER!” – grité con júbilo mientras me abalanzaba escaleras arriba.

Una melodía in crescendo cubría poco a poco el rechinar que producían mis Capezio con tapa Teletone Il Rayow en los viejos escalones de madera. 

Para cuando llegué al rellano del 2ºB (residencia de mi abuela Ngong) la melodía era ensordecedora. Como si de un grito divino se tratase. Sus notas llegaron hasta mi hipotálamo y me introdujo en un estado de éxtasis, transportándome mar a dentro (¡OJO: referencia de cultura; minipunto pa mi!). Después de saludar a Amenabar llamé al timbre. Al ver que esto no produjo resultado recordé que soy mago y tras un “Alohomora” introduje la llave que habitaba bajo el felpudo.

“THE MOMENT I WAKE UP, BEFORE I PUT ON MY MAKE UP” las notas me golpearon el corazón al entrar. Mi abuela y tres mujeres más, ochenteras (1880) y de raza negra entonaban con pasión todo lo que yo perseguía. “Me he enamorado de mi abuela y sus tres tertulianas” – pensé – “cuando lo cuente en el bar no me van a creer” – añadí.

“Toma hijo la lima que me pediste para esa uña peleona que se te ha roto” – dijo Ngong con una sonrisa en la cara.

“¡Gracias abuela! ¡Voy a ser el recluso con las uñas más bonitas de toda la penitenciaria. El resto de chicos van a estar encantados!” – exclame con una sonrisa pícara que se escapaba por mi labio inferior – “Por fin recuperare mi corona de ‘Jack La Mano Más Rápida Del Oeste'” dije con la felicidad desbordándose en forma de lágrimas por mis ojos.

“¿Seguís jugando con pistolitas?” – preguntó inocentemente ella.

“No me ha entendido abuela. Pero es lo mismo, no se preocupe.¡Cante para mi, la alegría de mis impecables uñas me hace bailar claqué!”

FUNDIDO A NEGRO.

IGUAL CONTINÚA, IGUAL NO. COMO LA VIDA.

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Let It Rain.

paseo de los melancólicos b&w
Por @GiusepeDiPaolo

Estaba harto de lo mismo de siempre. La misma infernal melodía le despertaba desde que decidió que “Welcome to the jungle” sería una buena forma de levantarse con energía.La misma ropa desde las rebajas del año pasado le esperaba colgada de la silla frente al escritorio de su habitación. Incluso el mismo nombre de tipo normal le identificaba como marca registrada desde que treinta y tres primaveras atrás hubiese nacido -“Treinta y tres ya… que bíblico todo”- pensó con un aire pesimista.
Salió de la ducha y con la toalla que había utilizado para secarse limpió una ventana en el empañado cristal para dar el visto bueno a su despeinado pelo. Salió del baño, se vistió y tras una última mirada golosa a la cama entró en la cocina de su alquilado “loft” de soltero. Se bebió -con prisas una vez comprobada la hora en el reloj digital del microondas- su Colacao de siempre (una de las pocas cosas que no cambiaría de su rutina), y se puso la chaqueta de cuero marrón que años atrás había adquirido en un mercado de cuero en Bath (Inglaterra) en uno de sus viajes veraniegos excusados por el aprendizaje de alguna lengua que nunca llegó a dominar.
Sin embargo, el poco inglés que conocía le alcanzaba para seguir la letra de la canción que había saltado en el “shuffle” de su iPod:

I am an old woman
Named after my mother
My old man is another
Child who’s grown old

If dreams were thunder
And lightning was desire
This old house would’ve burned down
A long time ago

Abrió la puerta del portal con los auriculares incapacitando el sentido del oído más allá de la banda sonora del reproductor de audio y su mundo interior. El frío seco de la ciudad le golpeo en la nariz y orejas que al cabo de pocos metros ya empezaron a teñirse de un rojo que cualquier guiri firmaría al principio de verano en Mallorca.
Caminaba con las manos en los bolsillos de su chaqueta -golpeada por el paso de los inviernos-, mientras seguía sonando aquella canción:

Make me an angel
That flies from Montgomery
Make me a poster
Of an old rodeo
Just give me one thing
That I can hold on to
To believe in this livin’
Is just a hard way to go

When I was a young girl
I had me a cowboy
He wasn’t much to look at
Just a free ramblin’ man
But that was a long time
And no matter how I tried
The years they just rolled by
Like a broken down dam

Con estos versos e inundado por la nostalgia empezó a descender las escaleras del Metro. Una vez en la plataforma de acceso comprobó que los precios habían vuelto a subir. En uno de los silencios de la canción escuchó como el joven que estaba en la taquilla -culpable de una bonita cola de exaltados y temerosos trabajadores con el ERE al cuello- preguntó “¿cuantas copas inlcuye?” con el sarcasmo generado por uno de los sentimiento más extraños. El sentimiento causado por la indignación mezclada con los aires de grandeza de un peón más en el tablero.

Muy lamentable la hostia que le acababa de dar la realidad a su mundo de fantasía con banda sonora. Una banda sonora que ajena a su realista entorno continuó sin prisa pero sin pausa:

Make me an angel
That flies from Montgomery
Make me a poster
Of an old rodeo
Just give me one thing
That I can hold on to
To believe in this livin’
Is just a hard way to go

There’s flies in the kitchen
I can hear them there buzzin’
And I ain’t done nothing since I woke up today
But how the hell can a person
Go on to work in the morning
Come home in the evening
And have nothing to say

Entró en el vagón con la cabeza batallando entre la prometida sensación de libertad de su inconsciente y la realística realidad de su entorno. Una realidad más presente que nunca. Estaba viviendo el Carpe Diem más nefasto de la historia de la humanidad. Una especie de “vive el momento aunque sea una mierda”. La generación que necesitaba respuestas al momento, sucesos instantáneos había conseguido “mierda”. -“Podría ser peor”- pensó.Entonces, empezó a llover y el vagón que ya no estaba bajo tierra si no rodeado de nubes empezó a inundarse. Los niños que iban acompañados de sus despreocupadas ‘cuidadoras’ empezaron a chapotear empapándose de rodillas para abajo. -“Tendría que haber disfrutado del momento, antes de que empezase a llover”- se lamentó en su interior -“ahora este momento si que es una mierda”- sentenció. Y con este pensamiento se entonaron en su iPod las últimas estrofas de la canción:

Make me an angel
That flies from Montgomery
Make me a poster
Of an old rodeo
Just give me one thing
That I can hold on to
To believe in this livin’
Is just a hard way to go

El final de la canción le devolvió a la realidad. Ya no llovía pero el olor a mierda seguía presente en las miradas del resto de viajeros. Siguiente estación la suya. Había llegado a su puesto de trabajo y no pudo más que recordar que “el trabajo os hará libres”.

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Panera De Ojos Verdes.

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Por @ManuGomez94

Sus ojos verdes acentuaban un rostro pálido, unos mofletes fofos y una piel aparentemente cuidada. Ante ella una televisión, un mixto con huevo y treinta y tres metros cuadrados habitables completamente deshabitados.Esta era la historia de su vida: muchos metros por cubrir pero sin que cubrirlos. Su única compañía desde que dejase a su maltrecha familia en el sur de Milwaukee era su sabio gato, Arturo. Había sido el hombro sobre el que había llorado el día que se le quemaron los espaguetis, el día en el que el lavabo se había estropeado, en definitiva, era un gato distinto. Un gato que decía “MIau miau” cuando tocaba, pero cuando necesitaba un “miiiaaauuu” mas agudo también se lo daba.

Saltó del sofá, su vida era una mera rutina. Debía cambiarla. Esa misma mañana su vida iba a dar un giro de 180 grados, había pensado en darla de 360 grados pero tras reflexionarlo se dio cuenta de que era gilipollas y que con media vuelta bastaba. Y en efecto, saltó del sofá (de nuevo, saltaba para entretenerse) y lanzó una mirada de odio hacia el gato que se quedó atónito. Fue hacia el gato aparentemente para acariciarlo y cuando estaba a apenas diez centímetros del animal le musitó “Suerte que mis pechos sean pequeños no los confundas con montañas”. Como bien podéis imaginar, tras esta bella y célebre frase, “acarició” al gato con la punta de la bota y lo estampó contra la puerta.

“Tolón Tolón” sonó el timbre de la puerta (que sonaba así porque años atrás había puesto su propia voz de timbre diciendo esas dos palabras ya que le producían gracia. Como bien sabemos, un timbre suena “Rín Rín” o en su defecto no suena).

Abrió la puerta y ante ella estaba el mismísimo Eduard Punset con un paquete de pan Bimbo. -“Hola soy Edua…”- le cerró la puerta. ¿Qué hacia Eduard allí?¿Tan mal le iban las cosas que tenía que ir casa por casa vendiendo pan? ¿Querría seducirla con la ayuda del doble horneado?

Fue a la cocina a por un cuchillo. No se fiaba de Eduard. Meses atrás había tenido que abatir a Jordi Hurtado en una discoteca malagueña ya que insistía en ofrecerle el elixir de la vida eterna a cambio de una noche fogosa. ¿Qué querría Punset? Abrió la puerta de nuevo, temblando, con el cuchillo en la mano escondida tras la puerta. -“Hola soy Eduard Punset y vengo a explicarle el secreto de pan Bimbo. No se pone duro”- musitó. Pero ella solo escuchó “no se pone duro” y ante esta frase sacó el cuchillo y le amenazó -“No se pone duro ni se va a poner, es la edad Eduard”. Eduard enmudeció. Ante él había una bonita mujer de ojos verdes, morena de pómulos dóciles y blanditos, como el pan que vendía. Se lanzó a tocarlos, pero algo se lo impedió. Noto como algo duro le atravesaba, y en ese momento, cayó desangelado. En sus últimos segundos de vida palpó el pan Bimbo que llevaba a mano y ante la mirada de la chica dijo “Al pan, pan y al Bimbo, Bimbo”.

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CAMINO AMANTECADO.

Por @ManuGomez94

Con esta historia pretendo enseñar a las madres que la manteca de cacahuete es peligrosa. Y que no hay mal que por bien no venga.

“Manteca de cacahuete, trae manteca de cacahuete”.Eso le había dicho su madre antes de que saliese de casa. Manteca de cacahuete, como podía pedirle una manteca de algo que contenía la palabra “caca” en su interior. ¿Era su madre un hombrelobo o mejor dicho, mujerlobo que disfrutaba con el sabor de las defecaciones?. Solo había un modo de comprobarlo. Dobló la esquina y casualmente había un Carrefour. Casualmente, porque como bien sabemos los madrileños, hay muy pocos Carrefoures por la capital.

 “¿Capital de Canadá?”- Escuchó a una madre preguntándole a su hija. –”¿Berna?”- Respondió ella como diciendo, Mama soy gilipollas ya lo sabes, a lo que la madre respondió –”Casi hija,casi.”-

Total, continuamos con el chico. Entró al Carrefour como quien entra uno en una glorieta sin frenos, acelerado. Preguntó a la cajera –”¿Perdone donde hay manteca de cacahuete?”. –”¿Manteca de cacahuete, pero chaval tu que te crees, que esto es Canadá?”-. El chico hizo caso omiso a aquella desengranada mujer, compró la manteca etiquetada como “manteca de cacahuete,dulce y fina” previamente abrió la tapa y metió el dedo para probarla, a continuación salió del supermercado. Tanto movimiento le había revuelto el estomago e inexplicablemente cayó al suelo como si hubiese recibido un disparo. 

Despertó la mañana siguiente cubierto por un manto en una especie de Tipi (refugio utilizado por los indios donde encendían hogueras y en algunos casos fumaban quelque chose). Al despertar golpeó con su mano a un gato que murió en el acto debido a la violencia del golpe. La situación de Pablo era insostenible, estaba cautivo por probablemente una tribu Indoafricana y había matado al que posiblemente fuese su dios (El gato en algunas tribus es sagrado y no se lo comen mas que en Navidad) para su desgracia era Febrero por lo que ni comiéndoselo salvaría la situación. Como dicen algunas de estas tribus “ನೀವು ಬೆಕ್ಕಿನಂತಹ” que viene a decir “Te vamos a matar hijo de puta”.

Salió del Tipi y observó el panorama. Dos camellos consumando el acto. Un desierto, mucha arena (que viene incluido en la palabra desierto), y una tesitura en el ambiente inexplicable. Extendió los brazos bostezando con la mala suerte de que golpeó a un caballo que casualmente pasaba por allí, seguramente el único caballo que podía encontrarse en kilómetros. El caballo cayó fulminado por la potencia del brazo del agresor(tanto gimnasio por fin tenía recompensa). Volvió a analizar la situación. Estaba atrapado en un desierto, cautivo posiblemente por una tribu Hindú (había descartado lo de africanos ya que veía comida por la zona) había matado a un gato, un caballo y alguna hormiga que había pisado. Su situación era mala, sencillamente ridícula.

Mientras reflexionaba observó a lo lejos una panda de bisontes acercándose. Se miró las manos. Volvió a mirar, y ya no estaban.

¿Le habrían hecho fumar algún tipo de droga? ¿Una droga hindú de esas de hierbas raras? 

Ante sus ojos se encontraba un ensimismado (desconozco el significado) bloque de arena, apareció un camello con un hombre a caballo, en este caso a camello, al grito de “السكين المبراة” que en nuestro idioma significa “afilo cuchillos, ha llegado el afilador, saquen sus dineros”. Casualmente -se dice casual porque ocurre de vez en cuando- entendió este idioma y le paró al grito de “afílame el cuchillo” que en árabe se dice “السكين لك”. El camello no hizo ni el ademán de pararse y continuó. La mala fortuna quiso que un escorpión se aferrase a la pierna de Pablo y con un suave pero preciso y a la vez perfecto picotazo cayese a la arena. Como petunia al abono. Un abono taciturno pero verdadero. Y así se fue apagando el PH de su vida. En ese ultimo suspiro vio como sus raptores volvían. Eran hindús no cabía duda,  llevaban en su mano un tarro de manteca de cacahuete, un tarro que su madre esperaría para el resto de su vida pero que nunca volvería a ver. El veneno acabó con él, no sin antes decir “Cacahuete no hay camino, se hace manteca al andar”.

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Misero Japonés, Olor Inmaculado.

Por @Manugomez94

Salió de su casa y bajó las escaleras. Se encontró al conserje. -“Buenos días señor Zambrano.”-

-“Buenos días Julián.”- respondió este en un tono amable y salió del portal como quién sale de una rotonda sin intermitente. La brisa le azotaba su grisácea melena y su flequillo alfombrado.

El señor Zambrano, Santi para sus amigos, era un hombre madurito de unos cincuenta, melena abierta y ojos oscuros. Desde pequeño le habían insultado por el tamaño de su cabeza, incluso le llegaron a llamar “cabezatanque” debido al tamaño desproporcionado de su cabeza. Durante su infancia, había servido de martillo a sus padres y vecinos utilizando la cabeza para clavar los distintos elementos arquitectónicos y decorativos.

“Noches de bohemia y de ilusión, yo no me doy a la razón” cantaba alegremente por la calle. Entró en un supermercado y en ese momento recordó que había dejado un par de cabos sin atar en el piso. Dio media vuelta. Entro de nuevo al portal, -Buenos días Julián. -Hola señor Zambrano, ¿ha olvidado algo? (Preguntó con un tono burlesco). -Nada importante Juli, nada importante. Se subió al ascensor y siguió cantando “busco y no encuentro una explicación, solo la desilusión de que falsos fueron tus besos” siguió tarareando mientras abría la puerta de casa.

En efecto, había dejado varios cabos sin atar, más en concreto, había dejado un clavo sin clavar y un cabo sin atar. Lo del clavo fue fácil. Puso el clavo y lo remató con un cabezazo. Mantenía su técnica inmaculada. En cambio, el cabo suelto no era otro que el cadáver de su gato, que había muerto tras impactar involuntariamente contra su cabeza. El olor a putrefacción del cadáver se había convertido en el AmbiPur de la casa. Este hecho molestó profundamente a Santi que no pudo hacer otra cosa que clavarse un puñal en el pecho para salvar el poco honor que le quedaba (descendía de una familia japonesa, los Shushi Shu) ante la mirada atónita de su gato y con sus últimos alientos dijo “siento no haber probado pipas Facundo”, en ese momento cayó desalmado al suelo.

Una historia de cosecha propia. Basada en hechos verídicos.

 

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La Vida Baila Charlestón.

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Por @Giusepedipaolo

“Jamás caminarás solo hijo. No lo olvides.” me dijo mi padre -bajo la luna- mientras me suministraba la crema ‘Dr.Scholl para talones agrietados’ en los muñones donde un día tuve las piernas. Eso era algo que yo ya sabía, pero a mi padre le gustaba regodearse en el tema. “Y a ver si acabamos ya el bote, que esto es una cochinada” añadió.

Mi historia no es una historia de amor y desamor. Tampoco narra las más intrépidas historias de caballerías, ni muestra como la vida golpea al joven poeta que trata de hallar su rumbo en un mar sin faros. Mi historia no es más que la de un candil iluminando al escritor. Mi historia no es sin dejar de ser por ello. Es el ayer que se fue demasiado pronto y el mañana que quizá nunca lleguemos a conocer. Mi historia es la de un soñador que olvidó sus alas.

Todo sucedió una tarde cualquiera con el siglo XX ya envejecido, y yo con él.

Caminaba de regreso a casa después de dar mi clase de Charlestón. El Charlestón es un tipo de baile originado en la ciudad homónima de Estados Unidos, y yo enseñaba a jóvenes de mas de sesenta y cinco años a practicarlo con el fin de sacarme unos ahorrillos. Este dinero lo destinaría a mi operación de depilación láser en las ingles, fundamental para mi carrera como nadador profesional. Mi verdadero sueño.

Andaba yo distraído -inmerso en mis pensamientos de fantasía en los que triunfaba representando a mi país (Senegal) en los próximos Juegos Olímpicos- y luchando contra la creciente y célebre niebla de San Francisco cuando no pude más que exclamar “¡SAPRISTI!“.

Al encarar la avenida principal y bajo el único farol suficientemente cercano como para crear alguna imagen decente del paisaje me pareció distinguir el físico del físico Clarc Combley, célebre por su pensamiento sobre la vida: “donde hay pelito no hay delito, pero si fricción y con ella el adiós a una medalla olímpica”.

Tras unos minutos de conversación, unas horas de alabanza hacia su persona y unas semanas de romántica luna de miel por las Islas Cíes (sección en donde no entro en detalles por agilizar la lectura, pero que está disponible en mis memorias “Tócala Otra Vez Sam”) nos despedimos coordialmente y yo proseguí con mi caminar simplón y mi chistera llena de sueños por cumplir.

El suceso dejó huella en mi subconsciente y mi materia gris no dejaba de bombardearme con emociones e ideas probablemente síntomas normales en un estado postraumático. Sin embargo, entre tanto tráfico de ideas hubo una que llegó con una claridad digna de Ariel y el blanco más blanco: si unos pocos pelos marcaban la diferencia… ¿cuantos minutos ganaría si no contase con la pesada carga que supone la resistencia de mis piernas con el agua?

Al llegar a casa bailé por última vez Charlestón, en pelotas, sobre la mesa del salón al endemoniado ritmo de “You Can Never Tell – Chuck Berry“. Finalmente, con un plan ya trazado, me encerré en el baño con la excusa de que iba a hacer de vientre (eso me hizo ganar unos minutillos de oro). Una vez aislado en la sala de operaciones empecé a morderme la pierna gracias a la elasticidad ganada con mis dotes de bailarín. “¡La de dolor que me voy a ahorrar evitando la molesta depilación” pensé mientras hundía mi mandíbula en el cuádriceps derecho.

Horas más tarde salí arrastrándome -aunque victorioso- del baño. Di de cenar al perro con las sobras y notifiqué a mi padre la necesidad de comprar tiritas, Betadine y crema Dr. Scholl la próxima vez que pasase por una farmacia.

Esa es mi historia y así os la he contado. Os dejo que tengo que ir a mi clase de natación.

P.D: ¡Hoy me quitan los manguitos!

P.D2: He puesto en negrita lo que me ha salido del ojal.

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Al Calor Del Amor.

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Por @Giusepedipaolo

El público se va acomodando en sus butacas según se va acercando la hora del espectáculo. Los hombres retiran sus sombreros de copa, mientras que las mujeres abanican coquetamente sus melenas de peluqueria. Los más pudientes comprueban el funcionamiento de sus binóculos desde los palcos superiores. Una gran lámpara importada reina sobre el auditorio. Se respira un ambiente de calidad parisina.

Finalmente, se van atenuando las luces y con ellas el murmullo general, el cual queda reducido al caminar de los más rezagados.

Después de una pausa, y con el silecio total ya alcanzado, se levanta el viejo rojo telón. Suena de fondo “Al Calor del Amor” de Gabinete Caligari. La movida madrileña ha llegado a París. La ciudad del Siena jamás olvidará esa noche.

Frente al estupor inicial al escuchar los primeros acordes de la melodía, empezaron las primeras damiselas -hipnotizadas por la música y el grupo de bailarines- a perder los papeles. Aquello acabó como el coño de la Bernarda. Kiko Rivera, que no se pierde una fiesta, compuso y tocó en directo “Quítate el Corsé”.

El resto de caballeros ahí presentes no se iban a quedar atrás y raro era el que no iba en paños menores y había cambiado el sombrero de copa por las copas de sombrero.

Jamás se volvió a hablar de lo sucedido en aquella víspera de Navidad. Sin embargo, el suceso no será olvidado. Sobretodo la comunidad científica, ya que fruto de uno de los “encuentros” de esa noche se fecundó al primer ornitorrinco. Testigos aseguran la participación de Kiko en el asunto.

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