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La Mano Más Rápida del Oeste.

ImagenPor @GiusepeDiPaolo

Salí de casa con la cabeza agachada y corriendo en curva, cambiando de dirección -como las escaleras de Hogwarts- para evitar que algún francotirador ninja pudiese alcanzarme con una berenjena. 

Estaba en apuros. El sudor frío resbalaba por mi pecho a causa de la humedad brasileña. Mis pies levantaban una nube de polvo sobre la calle sin pavimentar. “¡Malditos Ninjas!” – exclamé en mi interior. Debía ser imprevisible. Cada equis metros me lanzaba contra alguna anciana, o giraba sobre una farola -como Gene Kelly lo hizo en su día bajo la lluvia- para evitar ser monótono en mi caminar. 

Mis zapatos de claqué a juego con la chistera y tirantes se resentían bajo el frenético ritmo de mi alocado trote. Un giro aquí, doble zapateo por allá, ahora asalto a esa señora de los rulos, “ui, le he tocado el culo”, ahora huyo de un señor muy raro con garrota que dice ser su marido, ahora esquivo una berenjena ninja, giro en farola con lanzamiento de sombrero final y tomo la última curva antes de embocar la calle “Su Carmensita Muy Señora Mía y Patrona de los Bebés” donde vive mi abuela la congoleña.

Alohomora” – susurré mientras introducía la llave en la cerradura del portal de mi abuela Ngong. “¡JAJA! HA FUNCIONADO, SOY UN MAGO! ¡JODETE HARRY POTTER!” – grité con júbilo mientras me abalanzaba escaleras arriba.

Una melodía in crescendo cubría poco a poco el rechinar que producían mis Capezio con tapa Teletone Il Rayow en los viejos escalones de madera. 

Para cuando llegué al rellano del 2ºB (residencia de mi abuela Ngong) la melodía era ensordecedora. Como si de un grito divino se tratase. Sus notas llegaron hasta mi hipotálamo y me introdujo en un estado de éxtasis, transportándome mar a dentro (¡OJO: referencia de cultura; minipunto pa mi!). Después de saludar a Amenabar llamé al timbre. Al ver que esto no produjo resultado recordé que soy mago y tras un “Alohomora” introduje la llave que habitaba bajo el felpudo.

“THE MOMENT I WAKE UP, BEFORE I PUT ON MY MAKE UP” las notas me golpearon el corazón al entrar. Mi abuela y tres mujeres más, ochenteras (1880) y de raza negra entonaban con pasión todo lo que yo perseguía. “Me he enamorado de mi abuela y sus tres tertulianas” – pensé – “cuando lo cuente en el bar no me van a creer” – añadí.

“Toma hijo la lima que me pediste para esa uña peleona que se te ha roto” – dijo Ngong con una sonrisa en la cara.

“¡Gracias abuela! ¡Voy a ser el recluso con las uñas más bonitas de toda la penitenciaria. El resto de chicos van a estar encantados!” – exclame con una sonrisa pícara que se escapaba por mi labio inferior – “Por fin recuperare mi corona de ‘Jack La Mano Más Rápida Del Oeste'” dije con la felicidad desbordándose en forma de lágrimas por mis ojos.

“¿Seguís jugando con pistolitas?” – preguntó inocentemente ella.

“No me ha entendido abuela. Pero es lo mismo, no se preocupe.¡Cante para mi, la alegría de mis impecables uñas me hace bailar claqué!”

FUNDIDO A NEGRO.

IGUAL CONTINÚA, IGUAL NO. COMO LA VIDA.

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