Archivo de la etiqueta: Fisica

La Vida Baila Charlestón.

Imagen

Por @Giusepedipaolo

“Jamás caminarás solo hijo. No lo olvides.” me dijo mi padre -bajo la luna- mientras me suministraba la crema ‘Dr.Scholl para talones agrietados’ en los muñones donde un día tuve las piernas. Eso era algo que yo ya sabía, pero a mi padre le gustaba regodearse en el tema. “Y a ver si acabamos ya el bote, que esto es una cochinada” añadió.

Mi historia no es una historia de amor y desamor. Tampoco narra las más intrépidas historias de caballerías, ni muestra como la vida golpea al joven poeta que trata de hallar su rumbo en un mar sin faros. Mi historia no es más que la de un candil iluminando al escritor. Mi historia no es sin dejar de ser por ello. Es el ayer que se fue demasiado pronto y el mañana que quizá nunca lleguemos a conocer. Mi historia es la de un soñador que olvidó sus alas.

Todo sucedió una tarde cualquiera con el siglo XX ya envejecido, y yo con él.

Caminaba de regreso a casa después de dar mi clase de Charlestón. El Charlestón es un tipo de baile originado en la ciudad homónima de Estados Unidos, y yo enseñaba a jóvenes de mas de sesenta y cinco años a practicarlo con el fin de sacarme unos ahorrillos. Este dinero lo destinaría a mi operación de depilación láser en las ingles, fundamental para mi carrera como nadador profesional. Mi verdadero sueño.

Andaba yo distraído -inmerso en mis pensamientos de fantasía en los que triunfaba representando a mi país (Senegal) en los próximos Juegos Olímpicos- y luchando contra la creciente y célebre niebla de San Francisco cuando no pude más que exclamar “¡SAPRISTI!“.

Al encarar la avenida principal y bajo el único farol suficientemente cercano como para crear alguna imagen decente del paisaje me pareció distinguir el físico del físico Clarc Combley, célebre por su pensamiento sobre la vida: “donde hay pelito no hay delito, pero si fricción y con ella el adiós a una medalla olímpica”.

Tras unos minutos de conversación, unas horas de alabanza hacia su persona y unas semanas de romántica luna de miel por las Islas Cíes (sección en donde no entro en detalles por agilizar la lectura, pero que está disponible en mis memorias “Tócala Otra Vez Sam”) nos despedimos coordialmente y yo proseguí con mi caminar simplón y mi chistera llena de sueños por cumplir.

El suceso dejó huella en mi subconsciente y mi materia gris no dejaba de bombardearme con emociones e ideas probablemente síntomas normales en un estado postraumático. Sin embargo, entre tanto tráfico de ideas hubo una que llegó con una claridad digna de Ariel y el blanco más blanco: si unos pocos pelos marcaban la diferencia… ¿cuantos minutos ganaría si no contase con la pesada carga que supone la resistencia de mis piernas con el agua?

Al llegar a casa bailé por última vez Charlestón, en pelotas, sobre la mesa del salón al endemoniado ritmo de “You Can Never Tell – Chuck Berry“. Finalmente, con un plan ya trazado, me encerré en el baño con la excusa de que iba a hacer de vientre (eso me hizo ganar unos minutillos de oro). Una vez aislado en la sala de operaciones empecé a morderme la pierna gracias a la elasticidad ganada con mis dotes de bailarín. “¡La de dolor que me voy a ahorrar evitando la molesta depilación” pensé mientras hundía mi mandíbula en el cuádriceps derecho.

Horas más tarde salí arrastrándome -aunque victorioso- del baño. Di de cenar al perro con las sobras y notifiqué a mi padre la necesidad de comprar tiritas, Betadine y crema Dr. Scholl la próxima vez que pasase por una farmacia.

Esa es mi historia y así os la he contado. Os dejo que tengo que ir a mi clase de natación.

P.D: ¡Hoy me quitan los manguitos!

P.D2: He puesto en negrita lo que me ha salido del ojal.

Anuncios
Etiquetado , , , ,